miércoles, 2 de enero de 2013

La disciplina del silencio


Las hojas de estos árboles parecen lagartijitas. Tienen cuerpo y patitas. Me gustaría parar, agacharme, levantar una, mirarla de cerca. Pero el ritmo de los pasos me imposibilita. Como si estuviera marchando con un ejército, tengo que seguir el ritmo, no me puedo distraer, no puedo parar, no puedo hablar ni mirar a mi compañero. Mi compañero no, traición, es el enemigo. La calle está sola, se escucha un tren a lo lejos, quiero salir corriendo, quiero llegar, no quiero mirar hacia ningún lado.
Una tumba rompe el silencio. Te gustaría tener a tu abuela enterrada al lado de tu casa? No, no sé dónde están enterrados mis abuelos tampoco.
El enemigo frena frente a la cripta, observándola, mesmerized. Escalofríos. La calle está incluso más sola. Las casas victorianas, cada una con su personalidad particular, nos miran. Nos miran caminar en silencio, disciplinados. Disciplinados y encerrados en nuestro rol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario