viernes, 3 de febrero de 2012

Son las 3 am y se despierta. No se mueve. Está en otro lugar. Al menos en su cabeza.
Se sienta, busca un fósforo y prende la vela. El ruido del fósforo quemándose es lo único que oye. La Roma está repleta de ruidos nocturnos, los camiones, los borrachos. Pero ella sólo escucha el fósforo, toda su mente está en esa habitación vacía. Como si el cuarto estuviera en el medio del desierto y no hubiera nada afuera.

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