lunes, 16 de mayo de 2011

A Ivan

Tus labios siempre me habían provocado intriga, Iván. Un día, hace muchos años, caminando a la salida de la escuela, te lo iba a decir, pero me moría de vergüenza, así que callé. Unos meses después te pusiste de novio con Adriana, y dí por perdida mi oportunidad.

Jorge es un buen chico, vos sabías que lo es. Sabías que no fue a propósito, sabías que él te quería. De cualquier manera compraste el arma y te la llevaste en el micro. ¿Qué pretendías?

Cuando llegamos todos al cuarto del hotel, Jorge se estaba riendo de un chiste que yo le había contado. No tenía nada que ver con vos. Te volviste loco y te le tiraste encima. Te levantaste la remera y vimos que estabas sacando el arma. Jorge estaba pálido y llorando. Hasta el día de hoy no puede decir tu nombre sin que se le haga el nudo de culpa en la garganta.

Tomás, Juan y yo te logramos agarrar de los brazos y arrastrarte hasta un rincón de la habitación. No pusiste resistencia; sólo querías expresar tu dolor, no querías lastimar a nadie. Una vez que logramos calmarte, Adri salió corriendo, escapando del horror. Te abracé, te miré a los ojos y vos sabías perfectamente bien lo que estaba pensando, sabías que te entendía. Cuando nadie miraba, comprobé lo que siempre había intuido, que tus labios eran los más suaves y dulces del mundo. Después de mirarme un rato te levantaste y te fuiste. Pensaste que te tenía lástima. Te encerraste en la otra habitación diciendo que querías que te dejáramos solo; y porque te respetamos, lo hicimos. Porque sabíamos que estabas en un momento difícil y que aunque vos querías echarle toda la culpa a Jorge, eras consciente de lo accidental del asunto.

Los demás nos quedamos en el cuarto. Consolándonos del susto. Tranquilizándonos con pensamientos positivos. Nos habías dejado el arma, así que quién se hubiera imaginado. Al par de horas te tocamos la puerta y no respondías. Supusimos que estabas enojado o avergonzado, les dije a todos que se fueran, que por ahí si era una sola me abrirías. Sabiendo cuánto te amaba, me abrirías; me abrirías y no me hubieras dejado encontrarte ahorcado, colgando del techo, con el cuerpo todavía tibio.

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