miércoles, 6 de mayo de 2009

Tierra de nadie

Acá va:
Me gusta pensar que encontré un lugar que ni es privado ni es público. Me gusta que no sea mi cuadernito y me gusta que no se lo voy a enseñar a nadie hasta que me parezca o cuando me parezca. Por eso es tierra de nadie. No es mío, pero tampoco es tuyo, lector invisible que cobrará ojos el día en que yo decida.
Ahora por el otro lado, jugando un poco con las palabras, soy un nadie sin tierra.
Así es, durante años estuve buscando y llorando por encontrar mi casa, y nunca la encontré realmente. Y cuando pienso que la encuentro siempre me la quitan; qué injusto, no?
Pero más allá de eso (o más allá de lo que viene ahora, lo anterior), me gusta eso de "ciudadana del mundo". Aunque en realidad te están cagando, porque terminás siendo ciudadano de ninguna parte. De cualquier manera es lindo pensar así. Pensar que conocés muchos lugares y mucha gente distinta (en realidad sólo Buenos Aires y DF, con sus respectivas gentes, de, en general, misma clase/círculo social). Pensar que ves un poquito más allá que la gran mayoría, porque has visto cosas distintas y sabés que lo que parece natural, no lo es; y en realidad, podría ser de otra manera (Vincent Marqués, no hago cita porque no recuerdo la frase exacta).
Ser expatriado ayuda a darse cuenta de eso. Terminás mirando el mundo con otros ojos, comparando, cuestionando, analizando, reflexionando... Esas cosas que todo buen sociólogo debe hacer.

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